Viajar a Marte y cuestionarnos el porque

Debemos saber…

El pensamiento es definido como la capacidad de planificar y dirigir de forma espontánea una conducta realizada a posteriori (después del pensamiento), consecuentemente, su función consiste en ayudarnos a adaptar y comprender el mundo (Melgar, 2011).

Gracias al pensamiento podemos tomar decisiones, prevenir errores y actuar con una mayor efectividad (Moyano et al., 2011). Sin embargo, esta herramienta extraordinariamente útil y única del ser humano por su necesidad de ser desarrollada a través del lenguaje (Vigotsky, 2021), tiene la capacidad de concentrarse en un estilo de pensamiento que definirá cómo interpretamos el mundo.

¿Cómo determinamos que tipología de pensamiento es predominante en nosotros?

Cada primera experiencia vivida, interpretación procedida o sentimiento experimentado, genera una conclusión más o menos relevante en nuestro interior (Moyano et al., 2011).

Imagínate queriendo descubrir si hay gravedad en Marte. Para hacerlo, nos desplazamos hasta ese planeta con una pelota entre nuestras manos y una pregunta: ¿qué ocurrirá cuando la soltemos?

En un principio, todas las hipótesis formuladas pueden ser acertadas porque no tenemos ninguna experiencia preliminar al respecto que nos condicione. Es decir, la pelota puede a) caer, b) mantenerse, c) subir. Ahora bien, una vez dejemos de sostener la pelota con nuestras manos (experiencia), observemos qué ocurre (sentidos) y saquemos una conclusión (interpretación), será difícil creer que a lo mejor las demás hipótesis son también ciertas. Eso es exactamente lo mismo que sucede con nuestro pensamiento: si damos por válidas nuestras experiencias, interpretaciones y sentimientos iniciales sin llegar a cuestionarlas, generamos pensamientos automáticos que pueden ser distorsionados a la realidad y que influirán en nuestra manera de entender y adaptarnos al mundo. En otras palabras, crearemos pensamientos positivos o negativos en función de las primeras conclusiones extraídas, y todo Eso es exactamente lo mismo que sucede con nuestro pensamiento: si damos por válidas nuestras experiencias, interpretaciones y sentimientos iniciales sin llegar a cuestionarlas, generamos pensamientos automáticos que pueden ser distorsionados a la realidad y que influirán en nuestra manera de entender y adaptarnos al mundo. En otras palabras, crearemos pensamientos positivos o negativos en función de las primeras conclusiones extraídas, y todo lo posterior estará condicionado por tales vivencias iniciales.

¿Cómo podemos cuestionar nuestro propio pensamiento?

Para conseguir cuestionar nuestro propio pensamiento, podemos utilizar el modelo de reestructuración cognitiva diseñado por Albert Elis y Aron Beck (Beck, 2013):

🌱 Conoce cuáles fueron tus primeras experiencias y encuentra en qué función logarítmica fueron escritas.

☘️Recuerda que las principales primeras experiencias, suceden durante la infancia y adolescencia.

🌿Encuentra qué significa cada logaritmo y observa si puede conllevar ciertos matices o es totalmente verídico.

🍀 Cuestiónate tus propias creencias cognitiva y conductualmente.

Figura 1. Proceso de reestructuración cognitiva según Terapia Cognitivo Conductual.

Referencias bibliográficas:

Beck, A. (2013). Terapia cognitiva para trastornos de ansiedad. Descleé de Brouwer.

Moyano, M., Furlan, L., & Piemontesi, S. E. (2011). Análisis factorial exploratorio del inventario de pensamientos automáticos (IPA). In III Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología. Facultad de Psicología-Universidad de Buenos Aires.

Melgar Segovia, A. (2011). El pensamiento: una definición interconductual. Revista de investigación en psicología, 3(1), 24 – 38.

De Piaget, T. (2007). Desarrollo Cognitivo: Las Teorías de Piaget y de Vygotsky. 

Vigotsky, L. (2021). Pensamiento y lenguaje. Editorial Pueblo y Educación, 61 – 70.