Utilizar el pasado para impulsarnos hacia el bienestar

Debemos saber…

El ser humano tiene la costumbre de volver siempre a los lugares donde ha sido feliz. Tendemos a recordar aquello que nos ha hecho bien, lo exprimimos en nuestra memoria y lo guardamos en un rincón de nuestro cerebro (Carrasco et al., 2007). Ahora bien, esto también sucede con las experiencias negativas (Shapiro, 2002), esos momentos dónde hemos experimentado peligro o miedo quedan almacenados dentro de nuestro cerebro, dificultando la probabilidad de olvidarlos. Y es que, tanto los recuerdos positivos como negativos, tienen una función clara en la supervivencia: recordar nos permite revivir o procurar, no volver a vivir – en el futuro – un peligro ya superado (Shapiro, 2002).

¿Recuerdas el último momento dónde fuiste realmente feliz? A lo mejor has recordado un paisaje específico, una habitación, una sonrisa, una mirada o algunas palabras dichas por alguien especial… Sea cual sea el recuerdo, seguramente al traerlo a tu mente revives las sensaciones agradables de ese instante.

El cerebro analiza los estímulos percibidos del entorno y los clasifica según su peligro. Cuando detecta que el entorno es seguro se relaja, deja de buscar soluciones a amenazas y se permite disfrutar del momento presente (Rojas, 2020). De alguna manera, interpreta que no es necesario estar alerta porque no hay nada que nos genere malestar, miedo o inquietudes. Así, se promueven las hormonas “de la felicidad” encargadas de hacernos experimentar placer, felicidad y sensaciones de paz (Rojas, 2020).

Ahora bien, ¿qué pasa cuando interpreta que el entono contiene algún estímulo peligroso?
Cuando el cerebro detecta un estímulo amenazador, es decir: alguna cosa que pueda suponer un malestar físico o psicológico para el individuo se mantiene en alerta y promueve sensaciones de malestar, estrés, miedo o tristeza.

¿Cómo podemos aprovechar nuestros recuerdos?
Ante estímulos clasificados como peligrosos, el cerebro tienda a activar el estado de alerta para garantizar la supervivencia, es un proceso innato y necesario para el ser humano. Si durante este proceso, detectamos un error en el análisis del estímulo y conseguimos redirigir la atención hacia los recuerdos positivos – recuerdos almacenados en nuestra memoria- lograremos disminuir la falsa sensación de amenaza y aumentar nuestro bienestar: disminuyendo la ansiedad irracional.

🌹​Localiza un recuerdo agradable.
🌺​Centrate en él, permítete recordar las sensaciones y emociones agradables.
🌻​Concentrate en cómo reacciona tu cuerpo: ¿existen tensiones?, ¿te sientes relajado/a?
🌼​Focalizate en tu respiración, tomate tu tiempo.
🌷​Abre los ojos y conecta con tu presente.

En resumen, recordar las experiencias agradables nos ayudan a superar el miedo.

Figura 1. Representación de los recuerdos.

Referencias bibliográficas:

Carrasco, A., Brustad, R., & Mas, A. (2007). Bienestar psicológico y su uso en la psicología del ejercicio, la actividad física y el deporte. Revista iberoamericana de psicología del ejercicio y el deporte2(2), 31-52.

Rojas, M. (2002). Encuentra tu persona vitamina. Espasa, España.

Shapiro, F. (2002). EMDR as an integrative psychotherapy approach: Experts of diverse orientations explore the paradigm prism. American Psychological Association.