Transformar los días grises mediante expectativas

Debemos saber…

En el siglo I aC. Decimus Iunius Iuvenalis unió dos conceptos básicos en una sola cita: “mens sana in corpore sano”, ¿os suena?

Esta cita definió la conexión entre el cuerpo y la mente, dando importancia a la cura de ambos para alcanzar el bienestar físico y psicológico. Actualmente la investigación avala la relación directa entre nuestro pensamiento (mente) y comportamiento (cuerpo) (Guarino, 2010), convirtiendo el pensamiento positivo, también conocido como optimismo disposicional, en un factor protector de bienestar (Librán, 2002).

Recuerda la última vez que subiste una montaña. Estabas cansado/a, no podías más, sentías el peso de tus piernas, el sudor cayendo por tu frente y el corazón acelerado. Te quedaba poco para llegar a la cima y, a pesar del agotamiento, querías lograrlo y creías en ello (expectativa positiva). Tu cerebro, tu mente, priorizó el objetivo final a la sensación física del cuerpo por qué la conducta tiene ese objetivo: satisfacer los deseos de la mente (Carver y Scheier, 2000). Una vez arriba, notaste como disminuía el cansancio y un tsunami de satisfacción y alegría se apoderó de ti.  Un tsunami generado por las endorfinas: hormonas encargadas de generar sensaciones de bienestar y vitalidad (Chazenbalk, 2006). Mientras tanto, el cuerpo recuperaba la energía para emprender el camino de vuelta a casa.

Ahora bien, el cuerpo y la mente están en constante interacción y, en consecuencia, las expectativas negativas también tienen influencia directa en el comportamiento (Puig et al., 2021). Si estamos desanimados y creemos que hoy nada saldrá bien (expectativa negativa), seguramente focalizaremos nuestra atención en todo aquello que sale mal, sentiremos nuestro cuerpo cansado, con poca energía y difícilmente lograremos darnos cuenta de aquello que sí está saliendo bien.

En definitiva, potenciar las expectativas positivas mejora nuestra salud y bienestar físico y psicológico.

¿Cómo puedo potenciar el optimismo disposicional?

El optimismo disposicional es un campo aún desconocido y actualmente, la ciencia sigue investigando para proporcionar una mayor claridad y evidencia.

Durante nuestro día a día, podemos preguntarnos qué expectativas predominan en nosotros: ¿positivas o negativas?

Tomar consciencia de ello nos ayudara a analizar aquello que sucede con distancia, observándolo sin ese tono grisáceo de los días malos.

Finalmente, podremos buscar aquellas pequeñas cosas que han salido bien, que nos han sentado bien de nuestro día a día y transformar nuestros días grises en algo más positivo.

Figura 1. Cómo afectan nuestras expectativas.

Referencias bibliográficas:

Carver, C., & Scheier, M. (2000). Scaling back goals and recalibration of the affect system are processes in normal adaptive self-regulation: understanding ‘response shift’phenomena. Social science & medicine50(12), 1715-1722.

Chazenbalk, L. (2006). El valor del humor en el proceso psicoterapéutico. Psicodebate6, 73-84.

Guarino, J. (2010). La relación causal entre la mente y el cuerpo: Searle y el ‘naturalismo biológico’.

Librán, E. (2002). Optimismo disposicional como predictor de estrategias de afrontamiento. Psicothema14(3), 544-550.

Puig, S., Costa, M., Moreno, A., López, I., López, P., Zamorano, M., & Rubio, M. (2021). Optimismo disposicional y estrés: claves para promover el bienestar psicológico. Papeles del Psicólogo42(2), 135-142.