Si nos aproximamos a la salud mental, que sea siempre de la mano con la ciencia.

¿Cuántas veces has visto a alguien expresando tristeza y automáticamente has dicho que estaba deprimido? ¿Alguna vez has utilizado la palabra ansiedad para referirte a un momento estresante de tu vida?

Debemos saber…

La psicología es una ciencia que engloba el conocimiento y tratamiento de la conducta humana, haciendo referencia al ámbito cognitivo, conductual y emocional (Díaz, 2010).

Su origen es controvertido, ya que recae en la filosofía (un concepto alejado del método científico). Ahora bien, ¿cómo pudo la psicología nacer de una disciplina no científica para convertirse en una disciplina científica?

Si nos remontamos a la antigua Grecia, encontraremos famosos filósofos aportando reflexiones e hipótesis sobre las grandes preguntas de la humanidad. De hecho, seguro que tú también te has llegado a preguntar alguna vez… ¿Cómo funciona la mente humana?, ¿de dónde proviene nuestro propio conocimiento?, ¿qué es la consciencia o cómo funciona nuestro cerebro?

De todas estas preguntas se han formulado infinitas hipótesis y reflexiones durante toda la historia de la humanidad, pero como sabemos, una hipótesis necesita una investigación científica que aporte resultados para convertirla en verídica. Por este motivo, en el año 1979 el científico Wundt (primer psicólogo de la historia) decidió realizar experimentos científicos para demostrar la veracidad (o no) de las hipótesis formuladas para responder tales preguntas. Así, Wundt casi sin saberlo, se convirtió en el primer psicólogo de la historia: el primero que convirtió la filosofía en ciencia: en psicología (Alto y Quiñones, 1981; González, 2014).

Actualmente, nuestra sociedad realiza el ejercicio a la inversa: se observa cierta tendencia a definir comportamientos, actitudes o sentimientos de otras personas en diagnósticos científicos solo para reflexiones personales internas no avaladas por la ciencia: recuerda la última vez que utilizaste la palabra depresión o ansiedad… ambas son consideradas terminología científica, y como tal necesitan resultados que avalen su uso. Cuando las utilizas, ¿lo haces con conocimiento científico o solo por deducción propia?

Interiorizar y normalizar dentro de nuestro vocabulario palabras científicas tiene un riesgo, el de banalizar tales diagnósticos: ¿alguna vez te ha costado comprender al otro porque en el fondo todos tenemos ansiedad y no todos necesitamos ayuda? Esto puede derivar en una dificultad para comprender al otro, imposibilitando la empatía hacía el afectado.

¿Cómo puedo entender más la salud mental?

🍄 Concebir la psicología como una ciencia avalando todo lo que afirmamos por conocimiento científico.

🍁 Ante una afirmación aparentemente científica preguntemonos el por qué. Esa es la gran cuestión que engloba cualquier investigación científica y que permite – con su justa justificación – avalar empíricamente la información transmitida.

🍂 Busquemos información sobre la salud mental en páginas reconocidas por instituciones científicas: copc.cat, apa.org, cop.es, etc.

Como bien definió Hermanm Ebbinghaus (psicólogo alemán del s. XIX): “la psicología tiene un largo pasado, pero solo una breve historia”. Filosofar sobre qué sucede es necesario, pero encontrar el porque y validar la hipótesis nos permite justificar nuestro pensamiento final.

Figura 1. Acercándonos al lenguaje científico mediante preguntas.

Referencias bibliográficas:

Díaz Faciolince, V. E. (2010). La Psicología de la salud: antecedentes, definición y perspectivas.

González Álvarez, J. (2014). El laboratorio de Wundt: nacimiento de la ciencia psicológica. El laboratorio de Wundt, 1-175.

Quiñones Vidal, E., & Ato García, M. (1981). Wundt y la psicología cognitiva. Anales de la Universidad de Murcia. Filosofía y Ciencias de la Educación, vol. 39, n. 1-4 (1980-81).