La mirada compasiva en ambos mundos

Debemos saber…

Todos nosotros/as somos definidos como seres sociales y culturales, es decir, buscamos establecer grupos (sociedades), más o menos grandes, para poder convivir, existir y comprender el mundo (Ruiz, 2020). Así mismo, formar parte de una sociedad nos permite responder los problemas derivados de la lucha por la supervivencia y nos aproxima a obtener un mayor bienestar físico y psicológico para nosotros/as mismos/as y los otros (Chacón, 2010).

¿Recuerdas aquel refrán que dice… “El sufrimiento compartido se hace más pequeño?”, ¿Cuántas veces has sentido mejora después de expresar aquello que sientes a un amigo, familiar o conocido?, ¿Crees que si contamos nuestro malestar a quién solo escucha, entiende y no juzga te puedes sentir mejor?

Cuando compartimos nuestro dolor y nos sentimos comprendidos, aceptados y/o perdonados surge un fenómeno mágico: la respuesta compasiva (Gilbert, 2014).

La palabra compasión proviene del latín (compati) y significa “sufrir con” (Jiménez, 2002). Muchos de nosotros/as, podemos considerar que la compasión es un rasgo de personalidad característico de personas empáticas (McKay y Fanning, 2021), pero Dalai Lama definió tal terminología como la sensibilidad individual referente al sufrimiento (propio o de otros/as) que conlleva un compromiso profundo para intentar disminuirlo. No es un derecho de personalidad, sino una habilidad que requiere comprender, aceptar y personar ambos mundos anexados y distantes a la vez: nuestro mundo interior (nosotros/as) y el mundo exterior (los demás).

¿Cómo puedo dar una respuesta compasiva?

Como hemos comentado, la compasión es una habilidad y consecuentemente, puede ser adquirida o mejorada. Para hacerlo podemos seguir algunos pasos, que si bien parecen sencillos requieren de un elevado esfuerzo y compromiso (McKay y Fanning, 2021):

🍂 Escucha de forma activa. Concéntrate en aquello que explican e intenta que tu opinión no interfiera en aquello que quieren decirte.

🍄 Acéptalo. No juzgues al/la otro/a o a ti mismo/a, simplemente acepta aquello que recibes.

🍁 Compréndelo. Permítete cerrar las cuentas pendientes, perdona y déjalo ir. En definitiva, cuando aprendemos a sentir compasión podemos ver la valía personal y la de los demás. Así, destacaremos sus puntos fuertes y débiles sin juzgarlos ni criticarlos (Simón, 2011), con el fin de comprender dos mundos, reforzar nuestra valía y potenciar la autoestima.

Figura 1. Componentes para una respuesta compasiva,

Referencias bibliográficas:

Chacón, M. (2010). El ser humano como ser cultural. E.Secundaria. Granada.

Gilbert, P. (2014). Terapia centrada en la compasión. Editorial Desclée de Brouwer.

Jiménez, A., Triana, M., & Washburn, J. (2002). Compasión y salud. Isegoría, (27), 211-223.

Ruiz, P. (2021). La mirada compasiva. Boletín Redipe10(8), 32-42.

Simón, V. (2011). Aprender a practicar Mindfulness. Sello Editorial SL.