Hablarnos nos ayuda a definir nuestra identidad

Debemos saber…

Si analizamos nuestro día a día, observamos como utilizamos el lenguaje en cualquier situación cuotidiana: hacer la lista de la compra, analizar una situación, comprender lo que vemos por la televisión… debido a que el lenguaje es íntimo amigo de nuestro pensamiento: el lenguaje nos permite obtener y desarrollar nuestra capacidad reflexiva. En otras palabras, gracias al lenguaje podemos reflexionar y adquirir conocimiento (Gleason y Ratner, 2010).

Vamos a realizar un ejercicio sencillo: recuerda qué has hecho hoy, ¿cuántas veces has empleado consciente o inconscientemente el lenguaje para entender, ordenar o analizar el mundo o a ti mismo? Posiblemente, has utilizado el lenguaje cuando has querido interpretar o comprender la reacción de otra persona, para dar la orden a tu propio cerebro de empezar a andar con movimientos sincronizados hacia la derecha, para encontrar una solución a aquello que tanto te atormenta… Gracias al lenguaje podemos comunicarnos con el mundo que nos rodea y, también, con nuestro mundo interior.

Es conocido que el ser humano usa el lenguaje en todo momento, de hecho, cuando intentamos dejar la mente en blanco observamos dificultadesporque no podemos comunicar absolutamente nada a nuestro cerebro, pero queremos decirle que “no piense” sin usar ningún lenguaje. ¿Curioso no? Resulta que esta habilidad comunicativa es considerada uno de los procesos que nos permite definir nuestra propia identidad.

Ahora bien, ¿qué sabemos realmente de esta habilidad tan necesaria? El proceso del lenguaje se inicia tres meses antes del nacimiento, dentro del útero el bebe es capaz de escuchar el idioma materno y observar su sinfonía (Gleason et al., 2010). Entre los seis y doce meses de crecimiento, se observan los primeros intentos de vocalización: las primeras palabras que permiten poner en marcha la comunicación entre otros seres humanos y, en consecuencia, aumenta nuestra capacidad comunicativa (Piaget y Valsinen, 2017).

Este proceso se muestra en constante evolución y desarrollo hasta los 11 años, con la llegada de la adolescencia.  Para entonces, el adolescente ya ha alcanzado un dominio complejo de tal habilidad e introduce las capacidades de comprensión y reflexión en relación con el mundo (Piaget y Valsinen, 2017). Hoy día, se conoce que el proceso del lenguaje y la capacidad reflexiva finaliza con un desarrollo total al final de la etapa adolescente, concluyendo también con una elevada madurez cerebral (Piaget y Valsinen, 2017). Debemos destacar que, tal descripción corresponde al proceso de neurodesarrollo habitual del infante, pero no todos cumplen tal velocidad: existen muchos matices que deben ser evaluados de forma individual.

¿Qué podemos aprender del lenguaje? (Pilleux, 2002)

🌺 La habilidad del lenguaje es exclusiva del ser humano y se utiliza tanto para la comunicación introspectiva (nosotros mismos) como extrospección (con los demás).

🍀El lenguaje no diferencia entre raza o cultura, pero juega un papel importantísimo en nuestra identidad por su capacidad para comprender y comprender el mundo: nos ayuda a conocer dónde vivimos, quienes somos, dónde queremos ir y de dónde venimos. En definitiva, la lengua es la expresión viva de nuestra cultura y de nuestra propia identidad.

🌼Hablarnos a nosotros mismos (introspectivamente) mediante un diálogo basado en preguntas y aceptación nos puede ayudar a potenciar la autoreflexión. Con esta práctica, podemos reducir tabús internos y encontrar respuestas que expliquen nuestro malestar.

Figura 1. Representación gráfica del proceso de conocimiento personal.

Referencias bibliográficas:

Gleason, J. B., & Ratner, N. B. (2010). El desarrollo del lenguaje. Pearson educacion.

Piaget, J., & Valsinen, J. (2017). The child’s conception of physical causality. Routledge.

Pilleux, M. (2002). Principios y algunas curiosidades sobre las lenguas y el lenguaje. Estudios filológicos, (37), 274-276.