Escucharnos para poder ser.

Debemos saber…

Las emociones son algo altamente complejo, problemático y paradojal (Bericat, 2012). Existen cinco emociones básicas: rabia, miedo, alegría tristeza, asco y sorpresa (Ekman y Oster, 1979), como podemos ver en la Figura 1. A pesar de que algunas emociones, como la rabia o el asco, son consideradas desagradables, todas ellas cumplen con un objetivo claro: garantizar la supervivencia humana. Y es que, gracias a ellas, podemos adaptarnos a las condiciones cambiantes del medio y enfrentarnos a las nuevas situaciones (López, Rodríguez y Vázquez, 2012):

¿Recuerdas la última vez que sentiste rabia? Posiblemente notaste alteraciones físicas como la tensión de tus músculos, la aceleración del ritmo cardíaco y el aumento corporal, etc.  Tales alteraciones físicas correspondían a la sensación de sentirse atacado, y tu cerebro -gracias a la rabia – activo tu cuerpo para generar energía y poderte defender.

Toda emoción tiene una función básica: la rabia nos defiende, el miedo nos prepara para una amenaza, el asco es la prevención metabólica de nuestro organismo, la tristeza nos ayuda a descubrir quien somos, la sorpresa nos permite enfrentarnos a acontecimientos inesperados y la alegría nos permite establecer vínculos sociales y nuevos conocimientos (Tizón, 2020).

Ahora bien, ¿qué diferencia hay entre una emoción y un sentimiento?

La emoción se caracteriza por ser involuntaria y sus efectos son pasajeros y limitados en el tiempo (Pubill, 2016). Si entrelazamos las cinco emociones básicas, el ser humano es capaz de generar los sentimientos: comportamientos que se alargan en el tiempo de forma voluntaria o involuntaria y, por tanto, pueden ser controlados (Pubill, 2016).

¿Cómo puedo aprender a gestionar mis emociones?

En primer lugar, las emociones son innatas, es decir: no se pueden gestionar. Aquello que sí podemos gestionar son los sentimientos que se derivan de tales emociones. Para lograrlo, necesitamos desglosar los sentimientos y ver qué emociones predominan en él.

Una vez tengamos las emociones predominantes, podemos buscar una explicación que nos permita disminuir su impacto e intensidad en nosotros.

Encontrar un sentido a aquello que sentimos nos permite ser aquello que queremos ser. Como mencionaba Descartes: “pienso, luego existo”.

Figura 1. Las cinco emociones básicas y su función.

Referencias bibliográficas:

Bericat, E. (2012). Emociones. Sociopedia. isa, Universidad de Sevilla, 1-13.

Blanco, B., García, R., Pineda, V., y Alcázar, R. (2012). Intervención cognitivo conductual para el manejo de la ira. Revista Mexicana de Psicología29(1), 97-103.

Ekman, P. y Oster, H. (1979). Facial expressions of emotion. Annual review of psychology, 30(1), 527-554.

Nieto, M., Delgado, R., y León, L. (2008). Aproximaciones a la emoción de ira: de la conceptualización a la intervención psicológica. REME11(28), 5.

Pubill, M. (2016). Guía para la intervención emocional breve: un enfoque integrador. Grupo Planeta Spain.

Tizón, J. (2020). Salud emocional en tiempos de crisis: reflexiones desde una pandemia. Salud emocional en tiempos de crisis, 1-182.