El trabajo de un proceso de duelo

Erich Fromm, psicoanalista.

Los seres humanos tendemos a la socialización. Nos relacionamos con nuestro entorno (familia, compañeros, amigos, pareja…) por necesidad, curiosidad o placer, y de esas relaciones extraemos la fuerza y la alegría de vivir. Como bien señaló Bowlby (1980) el vínculo que creamos al relacionarnos con los demás, llamado: el apego, es el eje vertebrador de nuestras vidas.

Partiendo de esta base, es lógico y normal pensar que cuando el vínculo con alguien se rompe pasamos a experimentar emociones y sensaciones que nos enseñan y nos cambian. Y da igual cómo o por qué se haya roto, la cuestión es que esa rotura implica una pérdida en nuestra vida, nos obliga a vivir sin esa persona, sin la relación que teníamos con esa persona.

¿Todos sentimos lo mismo ante la rotura de ese vínculo?

Para responder a ello, es bueno reflexionar sobre cómo nosotros mismos nos relacionamos con nuestro entorno: ¿tenemos la misma relación con nuestro/a amigo/a que con nuestra pareja?, ¿nos relacionamos igual con los compañeros de trabajo que con nuestros familiares? Seguramente la respuesta es no. Y lo que marca la diferencia es, entre otros factores, ese vínculo: el apego que se construye a lo largo de nuestra vida mientras conocemos y compartimos nuestro tiempo con alguien.  Entonces, si las relaciones no son iguales los sentimientos ante una pérdida tampoco lo serán (Neimeyer y Ramírez, 2002). Por eso, el duelo que sentimos ante una pérdida es individual y diferente a cada persona (Aulet, Herrero y Neimeyer, 2019), porque el dolor y la relación que tenemos con cada uno de nuestros seres queridos también lo es.

A nivel social se divulga una concepción errónea del proceso de duelo. Como se ve en la Figura 1, existe la creencia de que cuando experimentamos una pérdida la persona pasa por un periodo difícil, donde la tristeza y la rabia está presente casi cada día. Pero luego, milagrosamente, una vez terminado el periodo de luto, todo el dolor queda atrás y solo se recuerdan los buenos momentos, haciendo que esa persona vuelva automáticamente a su vida cotidiana sin sentir el dolor punzante en el pecho.

La realidad es otra. La realidad es que un proceso de duelo implica un trabajo para trazar un camino parecido a una cordillera, con altibajos emocionales que cada persona experimenta y afronta de una manera diferente. Es normal sentir felicidad durante este proceso, incluso en algunos casos podemos sentirnos liberados. También es normal sentir que no puedes vivir sin esa persona o, todo lo contrario. Es normal llorar mares o negar la pérdida durante unos días, son sistemas de defensa naturales que nos permiten seguir adelante a pesar del dolor. No existe una fórmula mágica para afrontar el proceso de duelo, cada uno escoge cómo hacerlo en función de sus propias herramientas y estrategias.

Seguramente, durante este camino hacía el final de la cordillera se trabaja para elaborar el dolor que ha generado la rotura (la pérdida) del vínculo, experimentaremos diferentes fases. Por un lado, podremos aceptar la realidad de esa pérdida, trabajaremos la emoción y el sentimiento que nos genera, nos adaptaremos a nuestra nueva vida y encontraremos o daremos un nuevo significado a esa pérdida (Worden, Aparicio y Barberán, 2013). Si todo esto se nos hace una montaña, si no sabemos por dónde empezar a caminar, creemos que no lo conseguiremos o llevamos mucho tiempo situados en uno de los picos o valles de esa cordillera, no dudes en buscar ayuda a un profesional. Estamos aquí para ayudarte.

Figura 1. El proceso de duelo.



Referencias bibliográficas:

Aulet, A., Herrero, O., & Neimeyer, R. (2019). Ser tú o ser yo: esa es la cuestión. Elaboración del duelo por la muerte de una madre. Revista de psicoterapia30(114), 155-170.

Bowlby, J. (1980). By ethology out of psycho-analysis: An experiment in interbreeding.

Neimeyer, R. A., & Ramírez, Y. G. (2002). Aprender de la pérdida: una guía para afrontar el duelo. Barcelona: Paidós.

Worden, J. W., Aparicio, Á., & Barberán, G. S. (2013). El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós.