El poder de los pensamientos

Aquello que nos ocurre no genera una emoción en nosotros, es lo que pensamos del hecho lo que genera la emoción.

Existe cierta tendencia general a pensar que los hechos – algo que nos ocurre – están íntimamente vinculados con ciertas emociones. Por ejemplo, la muerte está vinculada a la tristeza y/o rabia, el nacimiento está vinculado a la alegría, etc. Posiblemente esta asociación entre hecho y emoción la consideramos lógica y correcta.

Siguiendo este pensamiento, llegamos a la conclusión que todos deberíamos sentir la misma emoción ante un mismo hecho. Por ejemplo, cuando alguien experimenta la muerte de un ser querido, siente emociones como la tristeza y/o la rabia. Pero, ¿es así en todo el mundo?

La respuesta es no. No todo el mundo experimenta estas emociones ante la muerte. En concreto, en la cultura mexicana la muerte se asocia tanto a la tristeza como a la alegría. Para ellos la muerte forma parte del círculo de la vida: así como toda vida conduce a la muerte, la muerte es también generadora de vida (Villaseñor y Aceves, 2013):

“No vivimos en nuestra casa
Aquí en la tierra.
Así solamente por breve tiempo
La tomamos en préstamo.
¡Adornaos príncipes!
Solamente aquí
Nuestro corazón se alegra:
Por breve tiempo, amigos, estamos prestados unos a otros:
No es nuestra casa definitiva la tierra:
He aquí estas flores:
¡Adornaos príncipes!”
(Duberger, 1993).

¿Por qué existen emociones diferentes para mismos hechos y en culturas diferentes?

Esta pregunta sólo la podemos responder cuando entendemos que aquello que genera nuestras emociones no es el hecho (lo que nos ocurre) sino lo que pensamos sobre el hecho. En la cultura occidental la muerte es concebida como el fin de la vida o el día del juicio final (dónde serás condenado por tus pecados o vanagloriado). En la cultura mexicana la muerte representa un nuevo comienzo, cosa que les permite enfrentarse a ella sin temor.

Durante nuestro día a día, nos enfrentamos a muchas situaciones. Lo que pensamos de cada una de ellas afecta a nuestro estado anímico (Santandreu, 2021). Si crees que lo que te ha pasado es lo peor del mundo sentirás tristeza, rabia o miedo; si crees que no es tan malo la emoción disminuirá.

Por ello, debemos tomar consciencia de qué nos decimos a nosotros mismos y cómo nos lo decimos. Analizar la situación con exactitud, realismo y positividad nos ayudará a experimentar emociones más severas (Santandreu, 2021):

🔸 Poner en duda aquello que pensamos nos ayudará a encontrar otros pensamientos alternativos también válidos y menos dolorosos.

🔸 Mirar la situación con perspectiva y objetividad nos ayudará a determinar con mayor exactitud la gravedad de la situación.

🔸 Comparar situaciones de forma sana nos ayudará a encontrar formas más positivas de afrontarlo.

Figura 1. Proceso cognitivo-conductual.



Referencias bibliográficas:
Duverger, C. (1993). La Flor Letal. México: Fondo de Cultura Económica.

Díaz, I., Ruiz, M., y Villalobos, A. (2017). Manual de técnicas y terapias cognitivo-conductuales. Barcelona, Desclée de Brower.

Santandreu, R. (2021). L’art de no amargar-se la vida. Barcelona: Rosa dels vents.

Villaseñor-Bayardo, S. y Aceves, M. (2013). El concepto de la muerte en el imaginario mexicano. Revista neuripsiquiatria, 76(1).