El miedo no tiene distinciones ni voluntad

Debemos saber…

El miedo es una emoción básica (Tizón, 2020). Por definición, una emoción equivale a un conjunto de respuestas neuroquímicas que nos ayudan a reaccionar ante una situación percibida como una amenaza (Pallarés, 2010). Consecuentemente, las emociones no son exclusivas del ser humano porque todos los animales tienen la capacidad de percibir el miedo con el fin de sobrevivir (Wodkat y Pape, 2013).

Recuerda la última vez que observaste a tu mascota (o a cualquier animal) escuchar un ruido desconocido. Posiblemente, observaste como levantaba las orejas, tensaba su musculatura e intentaba analizar el entorno buscando el peligro.

Esta reacción es idéntica a la del ser humano. Cuando tenemos miedo, nosotros también agudizamos nuestros sentidos, tensamos nuestra musculatura y aumenta nuestro ritmo cardíaco en un intento de evaluar el entorno, extraer alguna conclusión y estar preparados para atacar o huir (Sapolsky, 2008). Es nuestra naturaleza animal.

Ahora bien, ¿cómo pueden tener miedo los animales si no tienen la capacidad de razonar? La respuesta es clara: el miedo – como cualquier emoción – es innata (no la podemos controlar): su duración finaliza juntamente con el proceso neuroquímico y tiene una elevada intensidad para garantizar una respuesta efectiva. Así mismo, cuando el miedo se vincula con el pensamiento, convertimos la emoción en un proceso altamente complejo dónde se ven involucradas nuestras ideas, creencias, juicios, valores y experiencias personales: se convierte en un proceso voluntario nombrado sentimientos (Palmero et al., 2006).

¿Cómo puedo aprender a disminuir el miedo?

Las emociones son innatas, pero con la evolución -tanto los animales como los humanos- hemos adquirido ciertas capacidades que pueden ayudarnos a disminuir su impacto (Quezada, 2020):

🌱 La capacidad de anticiparnos nos permite conocer el grado de peligrosidad que tiene una situación o evento.

🍀 El aprendizaje, juntamente con la anticipación, nos ayuda a comprender y reducir las probabilidades de la amenaza.

🍃 Analizar nuestro entorno y su contexto nos da mayor facilidad para detectar estímulos que promueven la seguridad y disminuyen el miedo (inseguridad)

¡Importante!

Debemos tomar consciencia que el miedo generalizado es capaz de paralizar nuestras vidas, ya que supone una respuesta neuroquímica incesante. Cuando evitamos situaciones o conductas, disminuimos la posibilidad de aprender, anticiparnos y analizar nuevas opciones. Convirtiendo nuestro día a día en una prisión constante que nos paraliza y reduce la probabilidad de disminuir el miedo.

En definitiva, nadie decide tener miedo, tampoco a qué le tenemos miedo. Podemos mirar al miedo de cara, encontrarnos, siempre que biológicamente estemos preparados para ello. Si no lo estamos, debemos pedir ayuda.

Figura 1. Representación gráfica del miedo y su proceso.

Referencias bibliográficas:

Quezada, V. (2020). Miedo y psicopatología la amenaza que oculta el Covid-19. Cuadernos de Neuropsicología14(1), 19-23.

Pallarés, M. (2010). Emociones y sentimientos. Marge Books.

Palmero, F., Guerrero, C., Gómez, C., & Carpi, A. (2006). Certezas y controversias en el estudio de la emoción. REME9(23-24), 1-25.

Sapolsky, R. M. (2008). ¿Por qué las cebras no tienen úlcera? La guía del estrés. Madrid: Alianza editorial.