Doce uvas directas al futuro

Debemos saber…

Según el calendario gregoriano, el 31 de diciembre es el último día del año. Como bien sabréis, la tradición dicta que con el fin de dar la bienvenida al nuevo año y tener buena suerte los 365 días siguientes, es imprescindible comer doce uvas siguiendo el sonido de las doce campanadas a medianoche.  Es una tradición altamente extendida en nuestro país, pero con un origen aparentemente desconocido…

El 1909 se caracterizo por un año con gran producción de uva. Tal fue su exceso, que los campesinos necesitaron recorrer al marketing para lograr vender todo su genero a tiempo. ¿Sabéis cuál fue la estrategia que utilizaron?
En esa época era conocido que la aristocracia francesa celebraba la entrada al nuevo año consumiendo Champagne y uvas. Los campesinos, ante su desesperación, aprovecharon tal conocimiento para asociar cada grano de uva al éxito, la felicidad, el deseo y el bienestar. Así, se inició una tradición basada en los propósitos de año nuevo, la suerte y la ilusión de las personas (Arjones et al., 2011).

¿Te imaginas que cada deseo sea concedido? Si fuese así, ¿escogerías los mismos deseos o cambiarias alguno?
La evolución de nuestra sociedad es caracterizada por el capitalismo: la moneda, el dinero, son actualmente concebidos como el transporte para obtener libertad, calidad de vida, duración y prosperidad (Borisonik, 2018). De alguna forma, dan valor a la vida y en consecuencia, muchos de los deseos o propósitos solicitados éste 31 de diciembre estarán directamente relacionados con ellos.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando no logramos aquello que nos hemos propuesto o deseamos?
Cuando deseamos algo, nos proponemos lograrlo y realizamos esfuerzos que provocan un desgaste psicológico o físico.
Si nuestros deseos o propósitos están relacionados con el dinero (ya sea directa o indirectamente), no dependerán solo de nosotros y, por tanto, exisitran otros factores externos incontrolables que podrán determinar conseguirlo o no conseguirlo, generando malestar psicológico (frustración, rabia, tristeza, culpa, etc.) en el segundo caso (Mustaca, 2018). 

¿Cómo puedo encontrar deseos y propósitos que dependan de mí?
Para lograrlo podemos realizar un ejercicio muy sencillo a la vez que práctico. Con él podremos ayudarnos a descubrir qué es realmente importante de cara al próximo año para cada uno de nosotros.

🌲 Intenta definir aquello que queremos pedirle al 2022.

🍃 Preguntate cuantos deseos y propósitos dependen solo de nosotros mismos y cuántos implican a terceros.

🌿 Analiza tú 2021, pregúntate qué momentos te han proporcionado bienestar y por qué, ¿hay algún por qué material?

🍀De entre todas las respuestas, busca la formula para potenciar aquellas actividades, personas, gustos, aficiones… que te han hecho bien durante este 2021.

🌱 Convierte aquello que potencia nuestro bienestar en tus deseos y propósitos para empezar el próximo año.

A veces, solo necesitamos una mirada interior para encontrar el bienestar.

Figura 1. ¡Desde M/E Centro de Psicología os deseamos un feliz año 2022!

Referencias bibliográficas:

Arjones, E., Ruiz, A., y Fiérrez, M. (2011). Volvemos a casa por Navidad: Nuestras fiestas en imágenes. Foro de profesores de E/LE, (7), 1-10.

Borisonik, H. (2018). Dinero y Avaricia. Diferencias1(5).

Mustaca, A. (2018). Frustración y conductas sociales. Avances en Psicología Latinoamericana36(1), 65-81.