Contagiarnos para continuar jugando como cuando éramos niños

Debemos saber…

Si miramos a nuestro alrededor con visión analítica y objetiva, nos percataremos de que el reino animal se caracteriza – entre muchas otras cosas – por experimentar emociones innatas que promueven la supervivencia individual y de la especie.
Con el tiempo y gracias a la evolución, las emociones han progresado hasta elaborar un lenguaje corporal que permite ejercer una comunicación directa con el otro:
¿Recuerdas la última vez que sentiste alegría? Posiblemente, tu rostro estaba relajado, tus mejillas se elevaron permitiendo entrever marcas de vejez en los ojos y los labios dibujaban una sonrisa (Ekman, 1980). Estabas riendo y comunicando a tu entorno el placer que sentías en aquel momento.  

Reír es la expresión básica de la alegría, también es una reacción innata generada por respuestas químicas del cerebro y, curiosamente, es la única emoción capaz de contagiar la sensación de placer en el otro porque su finalidad es ayudar a los animales y al ser humano a socializar (Tizón, 2020).

Ahora bien, ¿por qué la alegría nos permite relacionarnos?

La respuesta es sencilla. La alegría tiene la función de promover y garantizar la creación de vínculos entre especies, por tanto, busca establecer lazos sociales y reducir las distancias, los conflictos y las hostilidades entre personas (Fredrickson, 2000). ¿Cuántas veces has visto una persona riendo y su sonrisa ha traspasado en tu interior haciéndote reír o transmitiéndote placer?

Si miramos atrás, observaremos que de pequeños solo queríamos conocer el mundo, las personas, nuestro entorno… buscábamos inconscientemente establecer vínculos con otros y lo hacíamos a través del juego (Carbelo y Jáuregu, 2006): la base de cualquier niño y de la alegría. Con el tiempo, la madurez nos ha proporcionado el recurso del humor. Es decir, jugar con el lenguaje para generar alegría (sonrisas) en el/la otro/a. A pesar del crecimiento y la madurez, mantenemos el juego elevándolo a una categoría más compleja digna de una mayor sabiduría intelectual; pero en el fondo todos (niños/as, adultos/as y abuelos/as) seguimos jugando para transmitir alegría, establecer vínculos y consolidar relaciones.

¿Qué pasa si nos contagiamos de alegría?

☘️ La alegría facilita la interacción social, nos ayuda a sentirnos más seguros y consecuentemente podemos mostrarnos más abiertos con el/la otro/a (Tajer, 2012).

🏵️El humor nos ayuda a construir recursos personales que nos permiten enfrentarnos al futuro (Fredrickson, 2000).

🌸La alegría contagiosa fortalece nuestro sistema inmunitario protegiéndonos de enfermedades (Cohen et al., 2006).

En resumen, expresar alegría no solo nos ayuda a nosotros mismos, sino también contagia de alegría al resto del mundo. Aprovechémoslo.

Figura 1. Representación gráfica expresión facial de alegría.

Referencias bibliográficas:

Tizón, J. L. (2020). Salud emocional en tiempos de crisis: reflexiones desde una pandemia. Salud emocional en tiempos de crisis, 1-182.

Cohen, S., Alper, C., Doyle, J., Treanor, J., & Turner, B. (2006). Positive emotional style predicts resistance to illness after experimental exposure to rhinovirus or influenza A virus. Psychosomatic medicine68(6), 809-815.

Carbelo, B., & Jáuregui, E. (2006). Emociones positivas: humor positivo. Papeles del psicólogo27(1), 18-30.

Fredrickson, B. L. (2000). Cultivating Positive Emotions to Optimize Health and Wellbeing. Prevention & Treatment, Volume 3, 2000.

Tajer, C. D. (2012). Alegría del corazón. Emociones positivas y salud cardiovascular. Revista argentina de Cardiología80(4), 325-332.