Abrazarnos para poder cuidarnos

Debemos saber…

El año 1905, un médico inglés llamado Ernest H. Starling y su cuñado William Bayliss, descubrieron que el cuerpo humano disponía de unos mensajeros químicos bautizados con el nombre de hormonas. La función que realizan estos mensajeros es permitir y mantener la comunicación entre las células (Zárate y Saucedo, 2005). Es decir, son los carteros de nuestro cuerpo.

Así como con el correo postal existen diferentes modalidades para enviar o paquetes que enviar (cartas, objetos, comida…) con las hormonas pasa algo similar: cada una de ellas se encarga de cumplir un objetivo individual y específico que permite garantizar el buen funcionamiento de nuestro organismo (Gónzalez, 2010).

¿Recuerdas la última vez que hiciste deporte? Posiblemente, sentías felicidad gracias a que – durante el ejercicio físico- tu cerebro libero las endorfinas: hormonas encargadas de reducir la percepción del dolor y aumentar el bienestar. Y… ¿Cómo te sentiste la última vez que recibiste un abrazo? Seguramente, la calma o la tranquilidad se apoderaron de ti gracias a la oxitocina.

Muchos de vosotros habréis escuchado a hablar de la oxitocina porque es una pieza clave en el proceso de reproducción, embarazo y lactancia (Rojas, 2021). Gracias a ella, sentimos bienestar y placer durante la concepción, se inician las contracciones en el parto y nos permiten alimentar al bebé con la salida de la leche.  

Ahora bien, ¿la oxitocina cumple con alguna otra función en el ser humano?

Efectivamente, esta hormona también es la responsable de desarrollar los vínculos afectivos. Con su presencia, nuestro cuerpo experimenta sensaciones y emociones de bienestar, placer, tranquilidad y relajación (Rojas, 2021). Todo esto, nos permite ser más empáticos, confiados y altruistas con los demás seres vivos y especialmente con los humanos (Moya-Albiol et al., 2010). Cuando nos abrazamos, nos acariciamos, cruzamos miradas o hablamos con alguien por quien nos sentimos queridos (con quien tenemos un vínculo afectivo ya desarrollado) nuestro cerebro desprende la oxitocina, generando emociones de bienestar, placer y reduciendo la percepción de malestar.

¿Cómo podemos liberar oxitocina de forma natural?

🌷 Pasar tiempo con nuestros seres queridos y reír con ellos aumenta la oxitocina en sangre (Zárate y Saucedo, 2005).

🌻 Meditar, cantar o ducharnos con agua fría fomentan la estimulación del nervio vago, encargado de promover la segregación de esta hormona (Rojas, 2021).

🌼 Cuidar nuestra alimentación con productos ricos en Omega 3 facilita la elaboración de la hormona en cuestión. En definitiva, si cuidamos nuestra alimentación, hábitos sociales y tenemos cura personal podremos gestionar mejor el malestar psicológico.

Figura. Representación de un abrazo.

Referencias bibliográficas

Guerra, E. (2010). Hormonas y dermatología. Más dermatología, (10), 26-27.

Moya-Albiol, L., Herrero, N., & Bernal, M. C. (2010). Bases neuronales de la empatía. Rev Neurol50(2), 89-100.

Rojas, M. Encuentra tu persona vitamina. Espasa. España.

Zárate, A., y Saucedo, R. (2005). El centenario de las hormonas. Un recuerdo de Ernest H. Starling y William M. Bayliss. Gaceta médica de México141(5), 437-440.